El último de los derechos que se alega tienen los internautas es la homogeneidad de los protocolos. Este derecho afecta a lo que ha venido denominándose la "Arquitectura de Internet", e incluso teóricos como el profesor de Harvard Lawrence Lessig (Code and other Laws of Cyberspace - 1999) lo asimilan a la Constitución de Internet.
La existencia de protocolos diferentes tanto para la conexión a Internet como para la utilización de cualquiera de sus servicios (www, ftp, email, gopher, archie...) implicaría una división que perjudicaría al internauta, pues según quién fuera el prestatario de los servicios debería utilizar un software en lugar de otro.
Un ejemplo de discusión judicial al que estamos asistiendo actualmente sobre la homogeneidad de los protocolos es el caso Microsoft. Debajo de dicho caso y con la excusa de la transgresión de los derechos a la libre competencia y leyes antimonopolio, lo que realmente se está produciendo son dos cuestiones:
1. La posibilidad de que una empresa detente tanto o más poder que el Estado.
2. La posibilidad de manipulación que quedaría en manos de una sola empresa para definir el código subyacente en los protocolos utilizados en Internet.
Cuando Microsoft difundió el programa Microsoft Exchange, dejó de cumplir los standards asignados al protocolo POP3 (sobre correo electrónico) a que se refiere el RFC 2400. La fuerza del mercado le permitía imponer su versión incompatible con los protocolos de la comunidad de Internet. Al integrar el navegador Internet Explorer dentro de su sistema operativo, también le dotó de elementos no oficiales, con posibilidad de modificar conforme sus criterios qué links eran los encontrados al utilizar su posibilidad de búsqueda.
Esta posibilidad de dirigir al internauta hacia unas páginas web en lugar de otras tiene evidentes consecuencias tanto en el tráfico de Internet como en qué páginas se accede cuando se busca un producto en Internet, pudiendo así beneficiar a unas empresas en perjuicio de otras.
En numerosas ocasiones el Derecho tiene que utilizarse de una manera indirecta para obtener sus propósitos (la célebre prisión por delito fiscal en lugar de por actividades mafiosas) y el procedimiento abierto contra Microsoft no escapa de estas notas.
El cumplimiento homogéneo de los protocolos tiene unas consecuencias prácticas evidentes e importantísimas para regular las reglas de juego que deben imperar, traduciéndose su cumplimiento en la igualdad de oportunidades para los agentes de la Red.