Hechos, actos y negocios jurídicos

Tradicionalmente, el Derecho ha contemplado una categoría de elementos sobre los que incide para decidir si entra o no a regular: los hechos, los actos y los negocios jurídicos.

Si bien, tal y como hemos manifestado, el Derecho intenta regular los comportamientos humanos, también intenta disciplinar otros eventos que se producen sin intervención humana alguna. De ahí la división entre los tres conceptos anteriores.

Los hechos son eventos que se producen sin ninguna intervención humana. Imaginemos una riada que deja, tras su paso, una isla en medio de un río, isla que no existía antes. El Derecho se pregunta sobre la propiedad de ese nuevo objeto denominado por los romanos "insula in flumine nata" y dota a los propietarios de las riberas contiguas de unos derechos sobre el bien. Las soluciones pueden ser varias, desde dividirla longitudinalmente en dos, asignarla al dueño de la finca sita en la ribera más cercana o atribuir su propiedad a la Comunidad.

Los actos constituyen unos eventos en los que existe la intervención humana de una sola parte. El reconocimiento de paternidad es una manifestación de voluntad unilateral que es independiente de la voluntad del nacido. Una OPV puede catalogarse, ab initio, como un acto jurídico, si bien la suscripción de la misma nos llevará a la categoría de negocio jurídico.

Los negocios jurídicos implican la intervención de dos o más voluntades. En esta categoría se regula todo lo relativo a obligaciones y contratos, así como los acuerdos de tipo societario que si bien no responden a una estructura contractual de coincidencia entre oferta y aceptación, si implican voluntades humanas destinadas a la autoregulación.

En sucesivos artículos analizaremos cómo Internet parcializa las posibilidades reguladoras del Derecho, dadas las limitaciones topológicas y temporales que caracterizan la Red.